Cada cierto riempo es necesario podar una palmera para evitar que las hojas secas y las que cuelgan invadan el perímetro e impidan pasear a su alrededor. Esto hay que hacerlo con cuidado de no dañar el tronco pues carece de la capacidad de regeneración del resto de árboles. En las palmeras el crecimiento se concentra en la yema apical, aunque en ocasiones se producen rebrotes en la base de la planta.
En este caso he podado la palmera pecando mínimamente de exceso para que la poda dure más tiempo. Tiene un crecimiento tan vital que en breve las hojas más antiguas colgarán un poco y la palmera adoptará su típica forma de paraguas. Si se cortan hojas en exceso la palmera crecería más despacio además de no engrosar correctamente el tronco, ya que por debajo de la punta no existe crecimiento secundario en grosor.
En ciudades costeras se suelen podar con una herramienta llamada corvillón que deja el tronco totalmente liso, pero en otros sitios con menos tradición palmerera se usa una simple sierra para cortar las hojas lo más cortas que se pueda. A mi me gusta dejar la hoja muy corta pero sin limpiar las fibras. Hago un corte ligeramente inclinado hacia fuera para que resbale el agua y no pudra la hoja. Muchos podadores hacen un corte muy vertical que deja una herida más grande, aunque no tengo del todo claro que es más correcto y no encuentro información concreta sobre la forma del corte. Lo mejor es que observeis la imagen de abajo para ver el tipo de corte que he aplicado. La otra forma se ve en “el antes” de la palmera.
En realidad las palmeras serían más felices si no se podaran y así ocurre en la naturaleza. Sin embargo en los parques y jardines se prefieren podadas principalmente por razones estéticas.
En espera de que un buen mecenas me encargue el diseño de un gran jardín, este es el tipo de trabajos de mantenimiento que más me gustan para llegar a fin de mes.
