Historia de un árbol. La morera del campo de softball

No hay como el invierno para contemplar la forma de un árbol. Entonces nos preguntamos porque tiene esa forma, su origen y su historia. El arbolito de la imagen es una morera de unos 6 o 7 años, no si se Morus alba o Morus nigra pues aun es pequeño y no ha fructificado. Visto de frente aparenta tener una forma estandar, un poco extendida, aun no definida ya que es un árbol en formación y pleno crecimiento.

Pero en realidad, si se ve desde este otro ángulo, nos damos cuenta de que está bastante desequilibrado con tendencia a convertirse en una forma pendular.

La explicación de esta forma sería muy difícil sin conocer un poco de la historia de este árbol, así que os la voy a contar. O, por lo menos, los hechos más destacados y mis encuentros con la planta.

Hace 5 años, pasando por el camino que hay al lado, me fije en esta morera cuando era un palito de metro y medio. Había nacido de manera espontánea; cosa habitual en esta especie por la zona donde vivo.

A un lado tiene un camino que comunica las choperas de la ribera del Ebro con el pueblo de Pina de Ebro. Al otro lado un campo de softball improvisado sobre terrenos municipales. Pensé que no tendría futuro y acabarían pisándola o partiéndola, ya que los fines de semana se reune mucha gente a jugar y ver el deporte del softball.

Efectivamente, la morera apareció un día partida por la mitad. Como ya debía llevar creciendo un par de años, tenía el vigor suficiente para rebrotar con bastante fuerza y se trifurco desde el punto de rotura, casi en la base del árbol.

Los siguientes 5 años creció todo lo que veis en la imagen. Debe rondar los 6 metros de altura hasta su indefinida copa. Sin embargo al otro lado del camino había una densa chopera de más de 20 metros de altura. Esto animó a la morera a crecer preferentemente hacia el otro lado, ya que recibía muchísima más luz. Como compensación a este ensombrecimiento ha podido beber siempre gracias al riego por inundación de la chopera adyacente.

Otra cosa que le ayudó a adoptar su forma actual fue la poda. Después de partirse y rebrotar la visité de vez en cuando, sobre todo los inviernos, para ayudarle en el crecimiento. Me dedique al refaldado de los tres troncos para que no tuviera ramas que causaran molestias. Permití el crecimiento horizontal para conseguir una sombra temprana. Sabía que si conseguía que diera sombra sería enormemente respetada los domingos veraniegos de softball. Por lo demás, me limité a eliminar ramas muertas, con malas inserciones, dañadas, cruzadas y las que se dirigían caóticamente hacia el camino asfaltado.

El esfuerzo de poda ha sido mínimo ya que en un par de horas cada invierno ya estaba solucionada. Un árbol así en tierra de nadie no se sabe cuanto puede durar. Un día viene uno y lo hace leña o, simplemente, lo tumba. Así es la vida del sufrido árbol silvestre que nace donde quiere. Espero que no levante el asfalto.

Ahora que ya han pasado los años y ya no lo puede tumbar cualquiera, sólo uno con motosierra, me preocupan los defectos de poda que ha ido acumulando por el trato recibido.

El trifurcado casi desde la base es muy curioso pero nada práctico. Además los ángulos de las ramas son bastante cerrados y sus inserciones pueden estorbarse a medida que engrosen. En el centro se acumula porquería y alguien ha decidido que se trata de un buen cenicero. Si sumamos pudrición de este punto con cortezas incluidas y el peso de cada uno de los tres troncos, alargados y curvados en exceso, el resultado puede ser una caída por desgajamiento que podría llegar hasta la raíz.

La posibilidad de cortar uno o dos de los troncos tampoco me resulta interesante. A estas alturas y con el grosor de la madera, el tocón seco en pudrición está asegurado.

Otra problemática es que, a pesar de lo joven que es, se va a acabar haciendo pendular. Desde hace un año no tiene chopos al lado. Esta sólo y a la inclinación de sus ramas que buscaban luz se ha sumado ahora el cierzo que sopla en esa misma dirección, curvando todavía más las ramas e impidiendo que alguna crezca en la vertical.

La tensión provocada por esa curvatura de las ramas propicia la aparición de vigorosos chupones en la parte media superior de ramas importantes. Estos chupones empiezan muy rectos pero también acaban tumbados y cargando la rama con su peso. En el futuro pueden servir como ramas de remplazo después de eliminar la parte que pendula.

Este año me he limitado a una limpieza de ramas cruzadas y secas por el interior. Cuando tenga otro rato muerto tengo pensado despuntarlo un poco con las tijeras de pertiga para que ramifique y se ponga frondoso pero sin colgar hacia el suelo.

Y esta ha sido la historia de la morera del campo de softball…

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